Nada más salir de la zona de desembarque te ofertan taxis, buses y remises para llevarte a tu destino. Lo de los remises es algo curioso que funciona muy bien. Se trata de unos coches con cuyos conductores pactas el precio de antemano, sin depender de atascos o taxímetros por lo que te da la seguridad de que no van a darte mil vueltas hasta tu hotel para cobrar más. Por eso elegimos un remise que nos trasladaría hasta nuestro hotel, situado en la Avda. de Rivadavia, en pleno centro de la ciudad porteña.
Con las piernas algo entumecidas salimos del aeropuerto y pudimos, al fin, respirar el aire húmedo de la capital argentina
Ramón, el amable conductor del remise nos llevó hasta nuestro hotel mientras nos contaba anécdotas y cosas curiosas de la capital y los alrededores. Nos aconsejó algunas excursiones para hacer durante nuestros días en Buenos Aires, como visitar San Antonio de Areco y la excursión de El Tigre (Helen, nos acordamos de lo que me contó Fernando sobre el paseo en barca del río Paraná porque se trata de esta excursión) Aprovechó también para darnos su tarjeta en la que te organizaba desde tu traslado al aeropuerto hasta un espectáculo de tango o una jornada de shopping por la capital, todo un negociante.
Por fin "arribamos" al Hotel Parada, un edificio antiguo bastante curioso con habitaciones limpias y sencillas. Parecía una corrala antigua, con un patio central al que daban todos los cuartos.
Patio central
Vista de la puerta de la cafetería
La camita
Y, por fin: ¡A dormir!
Besos a todos.
Yeeeeehhhaaaa
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