domingo, 26 de febrero de 2012

Día 1: Llegada a Buenos Aires

    Despúes de doce horas de avión llegamos a nuestro destino. Tras retirar el equipaje, pasamos el control de acceso donde te sellan el pasaporte y entregas el formulario que te dan a rellenar en el avión. Hemos de decir que estábamos un poco asustados pues el pasaporte de Ana estaba roto y ya en España nos avisaron de que podíamos tener algún problema de acceso al país, pero afortunadamente no pasó nada y las amables señoritas de inmigración nos desearon una feliz estancia.

    Nada más salir de la zona de desembarque te ofertan taxis, buses y remises para llevarte a tu destino. Lo de los remises es algo curioso que funciona muy bien. Se trata de unos coches con cuyos conductores pactas el precio de antemano, sin depender de atascos o taxímetros por lo que te da la seguridad de que no van a darte mil vueltas hasta tu hotel para cobrar más. Por eso elegimos un remise que nos trasladaría hasta nuestro hotel, situado en la Avda. de Rivadavia, en pleno centro de la ciudad porteña.

    Con las piernas algo entumecidas salimos del aeropuerto y pudimos, al fin, respirar el aire húmedo de la capital argentina
   
    Ramón, el amable conductor del remise nos llevó hasta nuestro hotel mientras nos contaba anécdotas y cosas curiosas de la capital y los alrededores. Nos aconsejó algunas excursiones para hacer durante nuestros días en Buenos Aires, como visitar San Antonio de Areco y la excursión de El Tigre (Helen, nos acordamos de lo que me contó Fernando sobre el paseo en barca del río Paraná porque se trata de esta excursión) Aprovechó también para darnos su tarjeta en la que te organizaba desde tu traslado al aeropuerto hasta un espectáculo de tango o una jornada de shopping por la capital, todo un negociante.

Por fin "arribamos" al Hotel Parada, un edificio antiguo bastante curioso con habitaciones limpias y sencillas. Parecía una corrala antigua, con un patio central al que daban todos los cuartos.



                                Patio central



Vista de la puerta de la cafetería



                                                  La camita

      Y, por fin: ¡A dormir!

            Besos a todos.

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