Amanece en Buenos Aires y después de haber descansado poco debido a la juerga nocturna que los porteños deben tener justo en la calle del Hostel Parada, nos encaminamos al aeroparque Jorge Newbery en un taxi para coger el vuelo que nos llevará a Bariloche.
Son las 9 de la mañana cuando llegamos y tras facturar las mochilas decidimos dar un paseo por los alrededores del aeropuerto. Delante del Newbery hay una especie de paseo a lo largo del increíble Rio de la Plata. Es impresionante ver la anchura del rio. Hay mucha vida alrededor, está lleno de parques y gente lanzando sus cañas desde el paseo. Allí conocimos a José, mientras pescaba una boga.
| Vista del muelle |
| José con su boga |
| Pescadores |
Después de un par de horas y media llegamos a San Carlos de Bariloche, sobre las dos de la tarde. Nada más entrar en la sala de recogida de equipajes vimos un letrero enorme que anunciaba la prohibición de introducir en la región productos cárnicos crudos o carnes con hueso para evitar la entrada de enfermedades animales. Oh Oh.., en ese momento vimos como nuestras reservas de embutidos ibéricos podían terminar su viaje en el mostrador de aquella chica de bata blanca que hacía pasar las maletas por un detector de productos orgánicos. Tuvimos suerte pues al llegar nuestro turno, sólo nos hizo pasar por el detector el equipaje de mano por lo que nuestro cerdo ibérico sigue a día de hoy con nosotros en las mochilas. Llegamos al hotel con tiempo justo para comer algo rápido y recopilar información para organizar nuestras rutas de los siguientes días. Paseando por la plaza de la ciudad nos topamos con un “ecoencuentro”, una concentración de ecologistas reivindicando una Patagonia sostenible. Para ello habían organizado actividades como cuentacuentos, proyecciones de documentales y hasta actuaciones musicales.
| Ecoencuentro |
| Anita en el centro cívico de Bariloche |
| Iglú de bambú y perrito vagabundo |
Bariloche se encuentra a orillas del Lago Nahuel Huapi, uno de los que conforma el grupo que da nombre a la región (Región de los Siete Lagos). Está rodeada de enormes sierras que ahora en verano hacen las delicias de los aficionados al trekking y en invierno se convierte en una de las mecas del esquí.
| Vistas del Lago Nahuel Huapi |
Dedicamos la tarde a pasear y llama la atención la cantidad de oferta turística, en algunos casos llega a ser agobiante. Otra cosa que nos sorprendió es la cantidad de perros vagabundos que hay, forman manadas que van recorriendo la ciudad en busca de gente que les ofrezca una caricia o algo de comida. Es un poco triste pero parecen estar bien, hasta alguno tiene algo de tripilla.
Después de recoger toda la información en la oficina de turismo volvimos al Hotel 7 Lagos para caer rendidos en la camita.
¡¡Hasta mañana!!
Espero que os llegue un día de éstos el comentario.Me hace ilusión "viajar" al mismo tiempo que vosotros a través del blog. Si estáis cansados ahora y sólo lleváis un par de días, no quiero imaginar cuando lleguéis al final. ¡Ánimo, a ver ese espíritu jovial!
ResponderEliminarMuchas gracias Helen, la verdad que lo estamos pasando genial. Esa era la ideadel blog, hacer llegar un poquito de lo que vemos nosotros.¡¡Esperamos que os guste!!
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