lunes, 5 de marzo de 2012

Día 7: Puerto Madryn-Península Valdés




    Hoy nos ha amanecido en el ómnibus llegando a Puerto Madryn, ya en la provincia de Chubut. Con los ojos aún pegados y mientras  hacíamos el check-in en el albergue de El Gualicho, nos han ofrecido una excursión por Península de Valdés y tras una ducha rápida nos hemos subido a la furgoneta dirección Puerto Pirámides, la primera parada tras el correspondiente pago de la entrada al parque. Este pueblo es la única población que hay en Península Valdés.
Puerto Pirámides
     En este pequeño pueblo, el único en toda la península, hemos dado un paseo por la costa con los fósiles marinos bajo nuestros pies. Había muchos huesos de ballena decorando las entradas a los restaurantes y  a las pocas tiendas del pueblo, era muy curioso. Aún no habiendo venido en temporada de ballenas, merece la pena la excursión pues tienes la oportunidad de ver otras especies como lobos marinos, elefantes marinos, pingüinos de Magallanes y otras especies terrestres como guanacos, ñandúes, armadillos, maras, zorros grises, etc…

Zorro grís
        Justo ahora, a mediados de marzo, comienza la temporada de orcas en Península Valdés. En esta época, las orcas (que no son ballenas sino delfines), varan en las playas para dar caza a las crías de los lobos marinos. De pronto emerge la aleta dorsal (1,8m de altura) de la orca dirigiéndose con mucha velocidad a la playa, varando en muy poca profundidad de agua, en el lugar donde juegan las crías de lobos marinos. Tras el ataque, la orca comienza a hacer una serie de movimientos con el cuerpo que poco a poco la devuelven a una capa de agua tal que le permite regresar a mar abierto con su presa. Ya lejos de la costa,  la familia de orcas se coloca en círculo alrededor del lobo marino, que suele estar aún vivo, y comienzan a jugar con el cogiéndolo con la boca y lanzándolo hacia arriba como si jugasen al tenis. Resulta increíble ver como a veces, cuando las orcas no tienen hambre, dejan escapar al lobo marino después de jugar con él. Se ha demostrado que es un momento de juego y que si no tienen necesidad, no matan al animal, dejándolo libre y regresando éste a la colonia, eso sí, con algunas heridas…jajaja.


      Tras partir de Puerto Pirámides, la primera parada la hemos realizado un poco antes de Punta Cantor, donde hemos podido ver a los graciosos pingüinos de Magallanes, que se diferencian del resto de especies de pingüinos en que presentan una franja de color negro en el pecho. Son aves de unos 45cm de altura y 5 kilos de peso y se llamó así en honor al primer navegante que los describió, Magallanes, si bien su diferenciación como especie fue muy posterior. En lo referente a la reproducción, pueden criar varios años seguidos con la misma pareja, dependiendo del éxito tenido en la cría el año anterior. En esta época de reproducción es el macho el que llega primero a la colonia comenzando la construcción del nido, que será el mismo del año anterior, que va perfeccionando año tras año. Posteriormente llegan las hembras, comenzando entonces el cortejo y la cópula. La incubación y la cría de los pichones la realizan ambos padres y tras unos 3 meses, las crías están preparadas para aprender a nadar. Una vez que han aprendido y cuando los adultos hayan mudado la pluma, abandonan estas costas para dirigirse a las  colonias del sur de Brasil, donde pasan el tiempo comiendo anchoas, su alimento preferido.

Pingüinos de Magallanes
     La siguiente parada ha sido en Punta Cantor, aquí hemos podido ver una colonia de lobos marinos y algunos elefantes marinos. La diferencia entre estos dos colosos de los mares está en su tamaño (los machos de lobos marinos pesan alrededor de 300 kilos y los de elefante llegan a pesar 4000 kilos…auténticas bestias), en la presencia o no de oído externo (los lobos tiene orejas y los elefantes no) y en la probóscide que presentan los machos de elefante.
     El elefante marino es una máquina perfecta para el agua. Este animal puede bucear a profundidades de 1.500m de profundidad y mantenerse en apnea durante más de dos horas. Adaptaciones como la ausencia de oído externo o un riego sanguíneo selectivo durante las inmersiones hacen de ellos auténticos submarinos. A estas profundidades se alimentan de calamares gigantes que consiguen ver gracias a su fluorescencia y a que las pupilas de los elefantes se dilatan 4 veces más de lo normal. Durante la cría, los elefantes macho llegan a perder hasta 1.000 kilos pues guardar y cubrir un harén de más de cien hembras es agotador. Se estima que en esta época pierden alrededor de 13 kilos por día.
Hembras de elefante marino
     La última parada ha sido Punta Norte, donde nos esperaba una colonia de lobos marinos y la posibilidad de una avistaje de orcas cazando por la zona…pero finalmente no ha ocurrido el milagro y nos hemos tenido que conformar con los lobos marinos.
Lobos marinos ( macho en el centro de la imagen)
     Durante la comida, se nos ha acercado un armadillo (que aquí llaman “peludo”) , a rapiñear las miguitas de bocadillo que se nos caían. Son muy graciosos y se mueven bastante deprisa. Aquí en Argentina, además de para comérselos, se los caza para hacer con su coraza una guitarra típica llamada charango y para usar su cola para el encabado de cuchillos.





Armadillo o peludo
     Hoy hemos conocido a una pareja de italianos muy simpática, Juan y Marta, que se hospedan en el mismo hostel que nosotros en Puerto Madryn, “El Gualicho”, un lugar muy recomendable.
     Deseando coger la cama después de dos días casi sin dormir os decimos: ¡¡Hasta mañanaaa!!

1 comentario:

  1. Ooooohhhh.... Juan traeme un pingüinito!!! porfi porfi porfiiii... son preciosos!!!que yo lo cuido y lo mimo y le doy de comer. Y los lobitos marinos bebés tb son adorables... Qué montón de bichejos y cuánto aprendemos leyendo vuestro blog! La foto del zorro es genial. Muchos besos!! Os quiero

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